¿Por qué no debes «corregir» los errores de tu hijo(a)
Crianza positiva,  Mi vida con hijos pequeños

¿Por qué no debes «corregir» los errores de tu hijo(a)?

¡Hola! Hoy quiero hablarte de «los errores» no se si existe alguna persona que realmente ame que lo corrijan, los errores para muchos es sinónimo de fracaso… mucho tiempo lo creí, pero ahora me doy cuenta que lo es, si no los miras con tus propios ojos, sino te auto-corriges, aprendes a aceptarlos y creces con ellos. ¿Por qué no debes «corregir» los errores de tu hijo(a)?

El miedo a equivocarse…

Si pasas todo el tiempo «enmendando o corrigiendo» los errores de tus hijos ¿Cómo esperas que aprendan? Cada cabeza es un mundo, y cada persona tiene su propia opinión acerca de lo que esta bien o esta mal. Y cada quien defenderá su propio punto de vista.

Además si tu hijo es aún pequeño y constantemente pasas el tiempo diciéndole todo lo que hace mal; además de quitarle la oportunidad de aprender, creas en el «miedo a equivocarse» y por ello el temor al fracaso.

Anécdota «El taquito»…

Para hacerte entender la importancia de esto quiero contarte una anécdota. Cuando mi hija tenía tan solo 11 meses de edad aprendió a decir «gracias» a su corta edad era obvio que no pronunciaba correctamente la palabra, decía algo como «aitata» más sin embargo siempre que le dabas algo la decía orgullosa.

Solíamos ir a una tortillería que quedaba cerca de nuestra casa y la chica que trabajaba en él, siempre le daba un «taquito» y ella le agradecía «aitata» la muchacha siempre le sonreía y le decía «de nada» y mi hija le devolvía la sonrisa con la misma alegría.

Pero un día, antes de ir por «el taquito» su abuelita le entrego una bolsa para que trajera las tortillas, al recibirla como siempre ella dijo «aitata», a lo que ella respondió sin pensarlo y sin malas intenciones a manera de «broma» pero en un tono fuerte y con cierto sarcasmo » ay ayai aitatatata «; recuerdo haber visto la carita de mi hija cambiar, paso de una sonrisa a una cara de angustia y desconcierto, mi corazón se me estrujó en ese mismo instante, y todo el camino la observe y ella iba seria.

Yo me sentía exactamente igual que ella al verla

, pero aún así quise creer que solo era cuestión mía y que lo estaba «terribilizando» y me calmé a mi misma diciendo «tranquila no pasa nada».

En el camino fui platicando con ella, pero cuando llegamos por las tortillas, como siempre, la muchacha le entregó el «taquito», mi hija lo recibió como todas las veces, pero esta vez, una vez que lo recibió no dijo nada y escondió su carita en mi hombro, yo le respondí a la chica «Gracias» y mi hija solo me observó y nuevamente escondió su carita.

Yo no pude saber exactamente lo que mi hija sintió o pensó ese mismo día, pero si puedo expresarte lo que yo sentí, desde ese día mi hija dejo de decir «aitata», y tardo algunos meses más para aprender la palabra nuevamente, nadie lo notó… excepto yo; y a partir de ese día me di cuenta que mi hija era capaz de comprender y sentir absolutamente todo.

Que los adultos (ya no me incluyo) viven engañados con la frase «es que aún es pequeño y no entiende». Hoy comprendo que ese mismo día mi hija conoció el miedo al error. Y que algo tan «insignificante» pudo haber causado un sentimiento negativo en ella (y eso lo supe desde ese mismo día).

Con las mejores intenciones se cometen los peores desastres…

Hay una frase de Oscar Wilde que dice «Con las mejores intenciones, se cometen los peores desastres».

Como madres, aún con todo el amor del mundo que tenemos y damos a nuestros hijos, muchas veces no somos conscientes del daño que podemos causarles a través de nuestras acciones o nuestras palabras.

La etapa más sagrada que existe en nuestras vidas es la infancia, es ahí donde se construye la personalidad y la salud mental del adulto; y no puedes corregir a otro ser humano sino eres capaz de auto-observarte y enmendar tus propios errores, darte cuenta por tus propios ojos de las cosas «que estás haciendo mal».

Si pasamos todo el tiempo haciendo las cosas por nuestros hijos

O recalcándoles todo el tiempo lo que hacen mal ¡Te dije que así no se hace! ¡otra vez lo mismo! ,¡Porque lo haces así! ¡No aprendes! ¡Ya tiraste eso! ¡Ya lo hiciste todo mal! además de destruir poco a poco su autoestima; no les permitimos crecer, y no me refiero a tamaño, sino al crecimiento interior, el aprender a auto-construirse y auto-observarse.

Si pasas todo el tiempo diciéndole a una persona que es inútil ¡lo harás inútil! y no porque lo sea, sino porque lo creerá.

Y esos son los mensajes que enviamos al subconsciente de un niño cuando haces las cosas por ellos o no les das la oportunidad de observar sus zapatos sin antes decirles te los pusiste al revés ¡otra ves! (no puedo, no soy capaz por eso mi mamá lo hace por mi).

Enfócate en sus logros…

Las familias perfectas no existen…

No somos perfectos, no existen niños perfectos, ni familias perfectas, pero es bueno saber que podemos aprender de nuestros errores, y que tenemos derecho a equivocarnos todos los días, y posiblemente lo harás y tu hijo(a) ¡lo hará, la diferencia entre que los errores te lleven al fracaso o al éxito, radica en que los veas por tus propios ojos y aprendas de ellos…

¿Por qué no debes «corregir» los errores de tu hijo(a)
Mi familia, mi mayor valor

Después de todo esto seguramente te estarás preguntando ¿Y entonces si mi hijo hace algo mal, lo aprenderá mal, o si hace algo malo lo dejo que aprenda algo malo? y la respuesta es:

«Instruye al niño en su camino y aún cuando fuere viejo no se apartará de él»

Proverbios 22:6

Muchas personas religiosas o no, y sin el afán de ofender ni entrar en tema de religiones, usan esta otra frase bíblica :

«La vara y la corrección dan sabiduría; más el muchacho consentido avergonzará a su madre»

Proverbios 29:15

Y es verdad al «muchacho» hay que corregirlo, pero al niño hay que «instruirlo». La corrección duele, la instrucción no… La instrucción se da en el momento preciso y oportuno, con amor y desde el amor, cuando corriges a tu pequeño de 2 años lo estas haciendo también con el adolescente, y te evitaras muchos dolores de cabeza.

La etapa en la que tu hijo aprende y forja su personalidad, la primera etapa en la que el niño comienza a recibir la instrucción o instrucciones de como debe actuar y comportarse es de los 0 a los 6 años, para mi hoy en día me doy cuenta que increíblemente es una de las etapa más importante de nuestras vidas.

Cuando era pequeña mi abuelita tenia muchas plantas y cuando esta iba chueca y la planta aún era pequeñita, usaba una vara de soporte para enderezar la plantita y la amarraba suavemente para no lastimarla. Mi abuelita no agarraba a la planta a varazos para corregirla… y es así como corregimos a un niño con amor , empatia y sensibilidad.

Pero si tu hijo(a) ha llegado más lejos que esto sin instrucciones correctas, entonces deberás «corregir», tomando en cuenta que como una planta que ha ido chueca, será mucho más difícil enderezar una vez que ha crecido; pero podemos aprender a apreciar su belleza este como este. Cuando haz llegado a la etapa adulta sin las instrucciones correctas, y esto más que palabras, hablo de el ejemplo que el niño vivió día con día; créeme es difícil, sumamente difícil, pero no imposible.

Para instruir hay que instruirnos primero…

Para poder dar las instrucciones correctas debemos saber como hacerlo, lo primordial para guiar a un niño es tener corazón, actitud y modelar con el ejemplo, y esto según mi opinión personal solo se hace de dos maneras:

«Leer manuales»

O más breve aún leer; para poder instruir al niño primero debemos adquirir inteligencia y sabiduría nosotros mismos. Hoy en día existe mucha información de personas que han estudiado el comportamiento de los niños, psicólogos, maestros y personas que han dedicado su vida entera a descubrir el porque la infancia es tan importante y marca nuestras vidas, como el caso de María Montessori.

Cometiendo errores

Aún teniendo un instructivo en mano, podemos equivocarnos, pero los errores nos permiten avanzar sin cargar con un costal de culpas, y con la posibilidad y la tranquilidad que da el no «tener que ser perfecto» sino tan solo ser mejor que ayer.

Y para ser más clara con esto y darte un ejemplo de cómo es tan importante, que nuestras acciones vayan de la mano con nuestras palabras para instruir a nuestros hijos quiero contarte otra anécdota:

Hace unos días fuimos a casa de mi mamá; un par de días antes le había explicado a mi hija que robar era una acción mala, y que siempre que tomabas algo que no era tuyo debías pedirlo prestado; así que sin pensar mis palabras ni mi acción, al llegar vi un plato con fruta en casa de mi mamá, y le dije a mi hija «mira Vale, tu abuelita tiene fruta, ven vamos a «robarle» un plátano para que lo comas», a lo que mi hija me respondió «No mami!! acuérdate que es malo robar!! VAMOS A PEDIRSELO PRESTADO», en ese momento quería reírme por su espontaneidad , pero me di cuenta de mi error, lo admití y sonriendo le dije «Tienes razón hijita me equivoque, ven vamos a pedírselo».

Moraleja:

¿Por qué no debemos «corregir» lo errores de nuestros hijos? Porque ellos han venido a este mundo a «corregirnos a nosotros mismos», todos podemos cometer errores, lo importante es aprender de ellos 🙂

Si haz leído hasta aquí mamá, «Gracias» y seguramente ya te habrás dado cuenta que nuevamente mi título te ha engañado y en este momento estarás pensando que todo lo que escribo siempre tiene que ver contigo y no con tu hijo(a). Y si, permíteme ser quien te diga que si, así es la vida, todo tiene que ver contigo y no contra ti.

No olvides que lo que tus hijos necesitan hoy y siempre es una mamá REAL, y si no sabes como convertirte en una, aquí te dejo los 4 pasos para convertirte en una mamá REAL.

Nunca olvides que lo que tus hijos necesitan, es mucho amor y…

«Raíces para crecer y alas para volar»

Anónimo

Con Amor
Andrea Moguel.

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